-Otra vez te vas a la cancha!!!!- protestaba mi vieja y él simplemente contestaba -HOY JUEGA VELEZ-, la escena se originaba mientras yo jugaba con esos añejos soldaditos a alguna batalla entre blancos y azules, vaya casualidad, jugaba con los colores que a la postre serían mis colores de corazón.
Corrían los años 70 y fui por primera vez de la mano de él a ver al fortín.
A veces aparecen algunos momentos en mi mente de aquellos partidos, algunos nombres de jugadores, el susto por el primer retumbante grito de GOOLLLL!!!!, el fragor de ese sonido me había sorprendido, no tardaría mucho en acostumbrarme.
Recuerdo cruzar la Av.La Plata para ir al viejo Gasómetro en épocas de localía lejana a nuestro Amalfitani, un gol de emboquillada al arquero Reggi de Atlanta por parte del gran Pedro Omar Roldán. Yo siempre al lado de él.
Pasó el tiempo, su carnet de socio activo pasó a ser de vitalicio, no duró mucho tiempo a mi lado en la popular, un día me dijo que iba a empezar a ir a la platea Norte, yo lo acepté, me honraba que el viejo ya fuera vitalicio del club que amaba.
En aquella tribuna Oeste lo extrañé, jugaba a buscarlo y encontrarlo en la platea mientras esperaba por la salida de nuestro Vélez.
El amor por la V azulada ya formaba parte de mi vida y él tenía mucho que ver en esto. Recuerdo su cara en el 79, en el 85, en el 92, me miraba y siempre con su carácter calmo solo atinaba a encogerse de hombro o decirme -no te hagas problema, ¿sabes cuantas veces viví esto?-, pero dentro de él yo sabía que corría un río de angustia, yo lo entendía y me quedaba aplastado en algún escalón pensativo por otra derrota de mi querido Vélez.
Y vinieron nomás las épocas gloriosas, en el 93, ya con sus canas avanzadas y su andar mas lento seguimos a Vélez con la intuición silenciosa que no se nos escapaba.
Aquella noche fría, luego de la escapada a la ciudad de los diagonales, pude gritar por primera vez que mi Vélez era Campeón. Lo llamé, le dije -VIEJOOO, SOMOS CAMPEONESSS!!!!!!, escuché su sonrisa, lo dijo todo sin decir casi nada, mientras las lágrimas corrían en mi mejilla.
Festejamos mucho, lo abracé, por fin!!!, por fin!!!!, al Domingo siguiente nos vestimos de frac, azul y blanco, como aquellos soldaditos con lo que yo jugaba, fuimos al Amalfitani, erguidos, solemnes, sacando pecho, juntos como aquella primera vez que me llevó de la mano.
Hoy, en algún lugar seguramente sigue firme a su Vélez, esperando por otro grito, él seguirá junto a mi, estará siempre ahí, pegadito a su pasión de siempre, ya no nos encontraremos ni a la ida ni a la vuelta en nuestra caminata hacia la cancha o hacia nuestros hogares, pero sigue y seguirá a mi lado, nuestra pasión sigue de la mano y se estrechará como siempre en un abrazo literal en cada gol,
Él seguirá ahí, con mas de 60 años junto a su Vélez, con él aprendí a querer esta V azulada, con él aprendí a amar a esta hermosa institución, con él, siempre con él.
Soy de Vélez, de alma, de corazón, gracias a él, gracias a vos viejo.....
Siempre, toda la vida estarás conmigo PAPA.
Jorge.
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jueves, 29 de noviembre de 2007
martes, 30 de octubre de 2007
Los caballeros de la mesa gloriosa
Tarde porteña, de repente me encontré en un bar, exhausto después de largas horas de trabajo. No recuerdo como fui a ese lugar, pero si que era amplio y estaba casi vacío, salvo un señor que de espaldas a mi ingreso; leía atentamente un periódico. Me resultó familiar su calvicie, no obstante busqué ubicarme en algún sitio en el que me encontrase tranquilo y tampoco se como, terminé sentado en una mesa que ahora si daba de frente al rostro de esta persona. Mis sentidos se paralizaron!!!, no podía creer lo que mis ojos veían, Carlos Bianchi estaba frente a mí y a escasos metros de mi mesa. Respire profundamente, pedí un café y no dude ni un momento, ¡tenía que ir a saludarlo!, noté antes de pararme que el “virrey” estaba sentado en una de las casi veinte sillas que rodeaban una amplia mesa.
Me sorprendí por esta situación, empero, sin pensar que decir me paré ya decidido a ir en busca de ese saludo, pero volvió a sacudirse toda mi humanidad!, por la misma puerta por la que yo había ingresado entraron en fila liderada por Julio Santella, nada más y nada menos que el “pacha” Cardozo, Bassedas, el “coio” Almandoz y el “pepe” Basualdo.
Para que describir lo que en ese momento pasó por mi mente, caí sentado pesadamente nuevamente en mi sitio, ahora entendía lo de la amplia mesa. Hubo abrazos, bromas, todo parecía desarrollarse con una normalidad “irreal”, había aún sillas sin dueño, me quedé en mi lugar contemplando como si fuera el mejor de los paisajes la ya sin duda reunión de “próceres”. Pero...¿y las demás sillas?, apenas había finalizado mi auto interrogación cuando entre risas y algún grito ingresaron siempre por la misma puerta, Víctor Hugo Sotomayor, el “negro” Gómez, “popeye” Herrera y el “chino” Zandoná.
Imaginen mi situación, un hincha fanático de Vélez como único espectador de una reunión que aún no lograba entender, pero mucho menos creer.
Pedí un segundo café, comencé a agudizar mi oído, escuchaba perfectamente los diálogos, recuerdos inolvidables eran esbozados por sus propios protagonistas, por un momento creo que hasta me avergoncé ante la magnitud de lo que yo estaba presenciando.
Como hermanos, como amigos, casi pegaditos hicieron su ingreso ahora el “turco” Asad y el “turu” Flores. Noooooo!!!!!, me auto sentencié, -¡esto no puede ser!-, otra vuelta de abrazos interminables pintaban mis pupilas de AZUL y BLANCO. Hubo un momento de silencio, se abrió nuevamente la puerta, Trotta apareció, nuevamente la mesa se estremeció como un terremoto, otra vez los abrazos, otra vez las bromas, otra vez.................otra vez quede entumecido, ya no había dudas, frente a mi estaban “Los caballeros de la mesa gloriosa”, no sé si pude pestañar por algunos minutos, el “tito” Pompei, el “gallego” González, “el flaco” Pellegrino, Carlos Compagnucci y el “beto” Camps se precipitaron también como un aluvión sobre “esa” mesa ,no pude contarlos, solo supe que era la máxima expresión de una década gloriosa, faltaban varios pero solo una silla había quedado vacía y en ese instante me paralicé aún más, una silla solo podía ser ocupada por UNO, todas las miradas casi en forma simultánea viajaron hacia la puerta, sentí que no podía respirar, aguardé ese instante supremo y ese momento llegó. Como un fantasma, sin darme cuenta de dónde venía pero sabiendo no se como al igual que el resto de los “próceres” quién sería, APARECIO el CHILA!.
Otra vez el silencio se apoderó del recinto, todos se pararon, increíblemente como una fuerza que se apoderó de mis músculos, yo también me encontré de pie. Sentí la sensación que todos aguardábamos en escuchar la voz del “cacique” y la voz llegó, señalando la mesa pero dirigiéndose a todos dijo: TU NO HAS GANADO NADA!!!; y ahí si, para que describir el desenlace, hubo risas, saltaron todos de la mesa y se unieron una vez más a un abrazo gigante.
Sentí que una lágrima corría por mi mejilla, no me avergoncé, sabía de que se trataba esa sensación, la que hubiese experimentado cualquier velezano, tenía frente a mi a quienes escribieron las más grandes epopeyas de la historia velezana, cerré los ojos.
Recordé viejas epopeyas, el gol del turco a Argentinos Jrs. en cancha de ferro, gol que sería vital y nos llevaría luego a esa emoción de gritar campeón luego de 25 años, el gol al Milan, la apilada de Flores frente a Belgrano en aquel recordado 2-0, el gol de Basualdo en la bombonera para empezar a pintar la Copa del 94, el gol de Trotta a Lanús en aquella noche de Avellaneda, los goles del “gallego”, una tras otro los del CHILA, “La luna y la pelota se abrazaron”, el penal del Tito en el Morumbí, cada una de las vueltas olímpicas, los abrazos de una década que quedará impregnada por siempre en cada fortinero.
Así, frente a mí, estaban ellos y un montón de recuerdos imborrables.
Cuando abrí nuevamente los ojos me encontré en mi habitación, mis latidos eran presurosos, mis mejillas aún estaban húmedas, ¡estaba soñando! pero aún recordaba ese momento antes de despertarme, cuando todos, “Los caballeros de la mesa gloriosa”, me miraron, me habían regalado algo difícil de explicar, sentí que en mi persona estaban todos los velezanos juntos, solo atiné a aplaudir y repetir una y mil veces GRACIAS!!!, me sentí profundamente emocionado, todavía me parecía escucharlos y como si fuera poco, aún suena en mis oídos casi como broche de ORO a tan hermoso sueño una palabra, una sola palabra que me regaló Carlos Bianchi en ese bar de no se dónde:
FELICIDADES!!!!, me dijo! fue en ese momento cuando desperté.
Jorge Poma.
Me sorprendí por esta situación, empero, sin pensar que decir me paré ya decidido a ir en busca de ese saludo, pero volvió a sacudirse toda mi humanidad!, por la misma puerta por la que yo había ingresado entraron en fila liderada por Julio Santella, nada más y nada menos que el “pacha” Cardozo, Bassedas, el “coio” Almandoz y el “pepe” Basualdo.
Para que describir lo que en ese momento pasó por mi mente, caí sentado pesadamente nuevamente en mi sitio, ahora entendía lo de la amplia mesa. Hubo abrazos, bromas, todo parecía desarrollarse con una normalidad “irreal”, había aún sillas sin dueño, me quedé en mi lugar contemplando como si fuera el mejor de los paisajes la ya sin duda reunión de “próceres”. Pero...¿y las demás sillas?, apenas había finalizado mi auto interrogación cuando entre risas y algún grito ingresaron siempre por la misma puerta, Víctor Hugo Sotomayor, el “negro” Gómez, “popeye” Herrera y el “chino” Zandoná.
Imaginen mi situación, un hincha fanático de Vélez como único espectador de una reunión que aún no lograba entender, pero mucho menos creer.
Pedí un segundo café, comencé a agudizar mi oído, escuchaba perfectamente los diálogos, recuerdos inolvidables eran esbozados por sus propios protagonistas, por un momento creo que hasta me avergoncé ante la magnitud de lo que yo estaba presenciando.
Como hermanos, como amigos, casi pegaditos hicieron su ingreso ahora el “turco” Asad y el “turu” Flores. Noooooo!!!!!, me auto sentencié, -¡esto no puede ser!-, otra vuelta de abrazos interminables pintaban mis pupilas de AZUL y BLANCO. Hubo un momento de silencio, se abrió nuevamente la puerta, Trotta apareció, nuevamente la mesa se estremeció como un terremoto, otra vez los abrazos, otra vez las bromas, otra vez.................otra vez quede entumecido, ya no había dudas, frente a mi estaban “Los caballeros de la mesa gloriosa”, no sé si pude pestañar por algunos minutos, el “tito” Pompei, el “gallego” González, “el flaco” Pellegrino, Carlos Compagnucci y el “beto” Camps se precipitaron también como un aluvión sobre “esa” mesa ,no pude contarlos, solo supe que era la máxima expresión de una década gloriosa, faltaban varios pero solo una silla había quedado vacía y en ese instante me paralicé aún más, una silla solo podía ser ocupada por UNO, todas las miradas casi en forma simultánea viajaron hacia la puerta, sentí que no podía respirar, aguardé ese instante supremo y ese momento llegó. Como un fantasma, sin darme cuenta de dónde venía pero sabiendo no se como al igual que el resto de los “próceres” quién sería, APARECIO el CHILA!.
Otra vez el silencio se apoderó del recinto, todos se pararon, increíblemente como una fuerza que se apoderó de mis músculos, yo también me encontré de pie. Sentí la sensación que todos aguardábamos en escuchar la voz del “cacique” y la voz llegó, señalando la mesa pero dirigiéndose a todos dijo: TU NO HAS GANADO NADA!!!; y ahí si, para que describir el desenlace, hubo risas, saltaron todos de la mesa y se unieron una vez más a un abrazo gigante.
Sentí que una lágrima corría por mi mejilla, no me avergoncé, sabía de que se trataba esa sensación, la que hubiese experimentado cualquier velezano, tenía frente a mi a quienes escribieron las más grandes epopeyas de la historia velezana, cerré los ojos.
Recordé viejas epopeyas, el gol del turco a Argentinos Jrs. en cancha de ferro, gol que sería vital y nos llevaría luego a esa emoción de gritar campeón luego de 25 años, el gol al Milan, la apilada de Flores frente a Belgrano en aquel recordado 2-0, el gol de Basualdo en la bombonera para empezar a pintar la Copa del 94, el gol de Trotta a Lanús en aquella noche de Avellaneda, los goles del “gallego”, una tras otro los del CHILA, “La luna y la pelota se abrazaron”, el penal del Tito en el Morumbí, cada una de las vueltas olímpicas, los abrazos de una década que quedará impregnada por siempre en cada fortinero.
Así, frente a mí, estaban ellos y un montón de recuerdos imborrables.
Cuando abrí nuevamente los ojos me encontré en mi habitación, mis latidos eran presurosos, mis mejillas aún estaban húmedas, ¡estaba soñando! pero aún recordaba ese momento antes de despertarme, cuando todos, “Los caballeros de la mesa gloriosa”, me miraron, me habían regalado algo difícil de explicar, sentí que en mi persona estaban todos los velezanos juntos, solo atiné a aplaudir y repetir una y mil veces GRACIAS!!!, me sentí profundamente emocionado, todavía me parecía escucharlos y como si fuera poco, aún suena en mis oídos casi como broche de ORO a tan hermoso sueño una palabra, una sola palabra que me regaló Carlos Bianchi en ese bar de no se dónde:
FELICIDADES!!!!, me dijo! fue en ese momento cuando desperté.
Jorge Poma.
Simplemente Chila
Inmenso, extraordinario, monumental, único, pocos futbolistas en el mundo han adquirido tanto cariño por parte de los hinchas, de sus hinchas, pocos se han transformado en emblema, se han vestido de próceres, han logrado emocionar tanto a una multitud, ¡pocos en el mundo señores! pero único sin dudas para nosotros, han logrado esa fusión de carisma, personalidad y autoridad que nuestro CHILA nos regaló, si CHILA, el más grande como lo dije alguna vez, como lo diré y lo sentiré, como todos nosotros lo sentimos, como EL MAS GRANDE, sin dudas.
Volvió un día a Liniers con ganas de regalar más emociones, volvió por encima de quienes o quién dudaba de su regreso o sencillamente no lo quería. Resulta que el CHILA dijo sí y Liniers se conmovió, el Amalfitani se vistió de fiesta, más robusto, mas sereno, salió aquel día por la “manga” y extendió sus brazos en respuesta al ensordecedor CHILAVERT, CHILAVERT!!!, las lágrimas de los fortineros no tardaron en asomarse, EL REY estaba de vuelta, con la ilusión puesta en marcha, burlándose de aquellos que ponían en tela de juicio su condición física. Pero CHILA no necesitaba elongaciones, ni elasticidad, no la pedíamos, solo queríamos volver a verlo, con eso bastaba y el resto vendría solo, la guapeza del caudillo, el ceño fruncido, el pecho a las balas y todo lo que sabíamos, no podía faltar de su humanidad.
Pero no pudo hacer el regalo que él quería, no pudo entregarle al hincha lo que sin dudas él quería regalar como despedida, se le escurrió entre las manos una copa que también nuestro CHILA deseaba, pero no pudo ser.
Los argumentos futbolísticos de Vélez no fueron suficientes para coronar este regreso, pero a todos no bastó con volver a verlo, -que me importa si no llegó a una pelota!-, -que me importa si no pudo convertir un penal!-, hay cosas que realmente poco nos importa, al menos a nosotros los hinchas de Vélez, acostumbrados a padecer la lucha por los objetivos, a sufrir como se dice usualmente.
Lo que realmente nos importó fue volver a verlo, no hace falta recordar lo que CHILA nos dió, es algo que está clavado en la mente y en el corazón de cada fortinero, CHILA fue el más grande “gladiador” que tuvo esta hermosa institución en lo que a fútbol le compete.
Varias generaciones lo recordarán por siempre como esas personas que hacen cosas trascendentes y CHILA será trascendente por siempre en Vélez y también en el mundo.
Sólo me resta volver a agradecerte José Luis por regalarnos tantas y tantas alegrías, por lo que hacés en el día a día como persona más allá del futbolista, por cada sonrisa que dibujaste en la cara de los pibes con tus “mimos”, con un autógrafo o con una foto, por cada lágrima de emoción que hiciste correr por los rostros “marcados” de lo vitalicios, por cada lágrima que hiciste correr a los más jóvenes, a las mujeres fortineras, por cortarle la respiración a los relatores, por dejar sin aliento a cada rival, por haber levantado tantas copas, por tantas vueltas olímpicas, por jugarte el pellejo por tu Vélez que siempre será tu casa, por cada grito, por cada gol, por lo que sos como ser humano, algo que pocos conocen.
Espero tu despedida CHILA, en el Amalfitani, con tu gente, para aplaudirte a rabiar aunque sea la última vez, para gritar más fuerte que nunca tu apellido histórico, tu apellido memorable, ese apellido que desgarra el corazón por tanto cariño y quiebra las voces de emoción.
Pero nunca te irás, será una despedida formal nomás, nunca te despedirás de tu Vélez, ni Vélez se despedirá de vos, siempre habrá algo, siempre habrá mucho entre vos y El Fortín, siempre estarás con nosotros. Pasarán los años, y algún día en el silencio de un Domingo sin fútbol alguien entrará al estadio, se sentará en la tribuna o en una platea, se encenderá un cigarrillo, observará con atención tan hermosa cancha y de repente escuchará que de cada rincón, como una brisa que va tomando envión hasta transformarse en un tornado retumba el grito de ¡CHILAVERT, CHILAVERT!.
Jorge Poma.
Volvió un día a Liniers con ganas de regalar más emociones, volvió por encima de quienes o quién dudaba de su regreso o sencillamente no lo quería. Resulta que el CHILA dijo sí y Liniers se conmovió, el Amalfitani se vistió de fiesta, más robusto, mas sereno, salió aquel día por la “manga” y extendió sus brazos en respuesta al ensordecedor CHILAVERT, CHILAVERT!!!, las lágrimas de los fortineros no tardaron en asomarse, EL REY estaba de vuelta, con la ilusión puesta en marcha, burlándose de aquellos que ponían en tela de juicio su condición física. Pero CHILA no necesitaba elongaciones, ni elasticidad, no la pedíamos, solo queríamos volver a verlo, con eso bastaba y el resto vendría solo, la guapeza del caudillo, el ceño fruncido, el pecho a las balas y todo lo que sabíamos, no podía faltar de su humanidad.
Pero no pudo hacer el regalo que él quería, no pudo entregarle al hincha lo que sin dudas él quería regalar como despedida, se le escurrió entre las manos una copa que también nuestro CHILA deseaba, pero no pudo ser.
Los argumentos futbolísticos de Vélez no fueron suficientes para coronar este regreso, pero a todos no bastó con volver a verlo, -que me importa si no llegó a una pelota!-, -que me importa si no pudo convertir un penal!-, hay cosas que realmente poco nos importa, al menos a nosotros los hinchas de Vélez, acostumbrados a padecer la lucha por los objetivos, a sufrir como se dice usualmente.
Lo que realmente nos importó fue volver a verlo, no hace falta recordar lo que CHILA nos dió, es algo que está clavado en la mente y en el corazón de cada fortinero, CHILA fue el más grande “gladiador” que tuvo esta hermosa institución en lo que a fútbol le compete.
Varias generaciones lo recordarán por siempre como esas personas que hacen cosas trascendentes y CHILA será trascendente por siempre en Vélez y también en el mundo.
Sólo me resta volver a agradecerte José Luis por regalarnos tantas y tantas alegrías, por lo que hacés en el día a día como persona más allá del futbolista, por cada sonrisa que dibujaste en la cara de los pibes con tus “mimos”, con un autógrafo o con una foto, por cada lágrima de emoción que hiciste correr por los rostros “marcados” de lo vitalicios, por cada lágrima que hiciste correr a los más jóvenes, a las mujeres fortineras, por cortarle la respiración a los relatores, por dejar sin aliento a cada rival, por haber levantado tantas copas, por tantas vueltas olímpicas, por jugarte el pellejo por tu Vélez que siempre será tu casa, por cada grito, por cada gol, por lo que sos como ser humano, algo que pocos conocen.
Espero tu despedida CHILA, en el Amalfitani, con tu gente, para aplaudirte a rabiar aunque sea la última vez, para gritar más fuerte que nunca tu apellido histórico, tu apellido memorable, ese apellido que desgarra el corazón por tanto cariño y quiebra las voces de emoción.
Pero nunca te irás, será una despedida formal nomás, nunca te despedirás de tu Vélez, ni Vélez se despedirá de vos, siempre habrá algo, siempre habrá mucho entre vos y El Fortín, siempre estarás con nosotros. Pasarán los años, y algún día en el silencio de un Domingo sin fútbol alguien entrará al estadio, se sentará en la tribuna o en una platea, se encenderá un cigarrillo, observará con atención tan hermosa cancha y de repente escuchará que de cada rincón, como una brisa que va tomando envión hasta transformarse en un tornado retumba el grito de ¡CHILAVERT, CHILAVERT!.
Jorge Poma.
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